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18 de marzo de 2021

Oraciones Sanadoras. Healing Prayers

¡Gracias Madre, por este nuevo día de vida! Qué sea para mi bien y el de mi prójimo.   
Ilumíname para hacer bien mi parte en Tu Plan de hoy.



       Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: mujer, he ahí a tu hijo (Jn 19, 26). Así, de un modo nuevo, ha legado su propia Madre al hombre: al hombre, a quien ha transmitido el Evangelio. La ha legado a todo hombre. La ha legado a la Iglesia en el día de su nacimiento histórico, el día de Pentecostés. Desde aquel día toda la Iglesia la tiene como Madre.                                                                       

 Y Todos los hombres la tienen como Madre. Entienden como dirigidas a cada uno las palabras pronunciadas desde la Cruz. Madre de todos los hombres. La maternidad espiritual no conoce límites. Se extiende en el tiempo y en el espacio. ¡Alcanza tantos corazones humanos! Alcanza a las naciones enteras. 

Juan Pablo II
Aud. gen. 10-1-1979

            Que tu oración sea corta, pero sentida, salga del fondo de tu corazón envuelta en el más puro Amor Divino.

Los Cinco Minutos con el Espíritu Santo


Los Cinco Minutos del Espíritu Santo

El autor nos conduce en estos cinco minutos diarios para abrirnos al Espíritu de Dios y percibir la fuerza de su consuelo. Meditaciones, oraciones y reflexiones que nos ofrecen la posibilidad de recorrer, a lo largo del año, un profundo camino de crecimiento espiritual...

👉 Los Cinco minutos del Espíritu Santo 


Autoliberación Interior - Antony de Mello.

                                               
                                                      AUTOLIBERACIÓN INTERIOR

                                                             ANTHONY DE MELLO

¡DESPIERTA!

¡LA FELICIDAD ERES TÚ!

Despertarse es la espiritualidad, porque sólo despiertos podemos entrar en la verdad y descubrir qué lazos nos impiden la libertad. Esto es la iluminación. Es como la salida del Sol sobre la noche, de la luz sobre la oscuridad. Es la alegría que se descubre a sí misma, desnuda de toda forma. Esto es la iluminación. El místico es el hombre iluminado, el que todo lo ve con claridad, porque está despierto.

No quiero que os creáis lo que os digo porque yo lo digo, sino que cuestionéis cada palabra y analicéis su significado y lo que os dice en vuestra vida personal; pero con sinceridad, sin autoengañaros por comodidad o por miedos.

Lo importante es el Evangelio, no la persona que lo predica ni sus formas. No la interpretación que se le ha dado siempre o la que le da éste o aquél, por muy canonizado que esté. Eres tú el que tiene que interpretar el mensaje personal que encierra para ti, en el ahora. No te importe lo que la religión o la sociedad prediquen.

La sociedad sólo canoniza a los que se conforman con ella. En el tiempo de Jesús y ahora. A Jesús no pudieron canonizarlo y por ello lo asesinaron. ¿Quiénes creéis que lo mataron? ¿Los malos? No. A Jesús lo asesinaron los buenos de turno, los más respetados y creídos en aquella sociedad. A Jesús lo mataron los escribas, los fariseos y sacerdotes; y si no andas con cuidado, asesinarás a Jesús mientras vives dormido.

Despertarse es la espiritualidad, porque sólo despiertos podemos entrar en la verdad y la libertad.

Estás dormido

¿Y cómo sabré si estoy dormido? Jesús os lo dice en el Evangelio: “¿Por qué decís Señor, Señor, si no hacéis lo que os digo?” Si no hacemos lo que Dios quiere y nos dedicamos a fabricarnos un Dios “tapa agujeros”, es que estamos dormidos. Lo que importa es responder a Dios con el corazón. No importa ser ateo, musulmán o católico; lo importante es la circuncisión y el bautismo del corazón. El estar despierto es cambiar tu corazón de piedra por uno que no se cierre a la verdad.

Si estás doliéndote de tu pasado, es que estás dormido. Lo importante es levantarse para no volver a caer. La solución está en tu capacidad de comprensión y de ver otra cosa que lo que te permites ver. Ver lo que hay detrás de las cosas. Cuando se te abran los ojos, verás cómo todo cambia, que el pasado está muerto y el que se duerme en el pasado está muerto, porque sólo el presente es vivo si tú estás despierto en él.

Metanoia quiere decir despertarse y no perderse la vida.

Es vivenciar el pre­sente. Para saber esto hay un criterio:

¿Tú sufres? Es que estás dormido. Es igual que sepas muchas cosas y te de­diques a salvar a las personas. "El cie­go que guía a otro ciego" quiere decir que los dos están dormidos. Si sufres es que estás dormido. Me dirás que el dolor existe. Sí, es verdad que el dolor existe, pero no el sufrimiento. El sufri­miento no es real, sino una obra de tu mente. Si sufres es que estás dormido porque, en sí, el sufrimiento no existe, es un producto de tu sueño; y si estás dormido, verás a un Jesús dormido, que tú te has imaginado, que nada tiene que ver con el Jesús real, y eso puede ser muy peligroso.

Calderón dice: "Todo es según el co­lor del cristal con que se mira." Si es­tás dormido no serás capaz de ver más que cosas dormidas, y no te darás cuen­ta hasta que despiertes. Pasará la vida por ti sin que tú la vivas.

Si tienes problemas es que estás dor­mido. La vida no es problemática. Es el yo (la mente humana) el que crea los problemas. A ver si eres capaz de com­prender que el sufrimiento no está en la realidad, sino en ti. Por eso, en todas las religiones, se ha predicado que hay que morir al yo para volver a nacer. Éste es el verdadero bautismo que hace surgir al hombre nuevo. La realidad no hace problemas, los problemas nacen de la mente cuando estás dormido. Tú pones los problemas.

Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, no como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación.

Despierta

¿Se puede decir que en estos últi­mos días no te has sentido como un hombre libre y feliz, sin problemas ni preocupaciones? ¿No te has sentido así? Pues estás dormido. ¿Qué ocu­rre cuando estás despierto? No cambia nada, todo ocurre igual, pero tú eres el que ha cambiado para entrar en la realidad. Entonces lo ves todo claro.

Le preguntaron a un maestro orien­tal sus discípulos: "¿Qué te ha pro­porcionado la iluminación?" Y con­testó: "Primero tenía depresión y aho­ra sigo con la misma depresión, pero la diferencia está en que ahora no me molesta la depresión."

Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, ni como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación. Aceptarlo todo porque lo ves claro y ya nada ni nadie te puede engañar. Es desper­tar a la luz. El dolor existe, y el sufri­miento sólo surge cuando te resistes al dolor. Si tú aceptas el dolor, el sufrimiento no existe. El dolor no es inaguantable, porque tiene un sentido comprensible en donde se remansa. Lo inaguantable es te­ner el cuerpo aquí y la mente en el pasa­do o en el futuro.

Lo insoportable es querer distorsio­nar la realidad, que es inamovible. Eso sí que es insoportable. Es una lucha in­útil como es inútil su resultado: el su­frimiento. No se puede luchar por lo que no existe.

No hay que buscar la felicidad en donde no está, ni tomar la vida por lo que no es vida, porque entonces estaremos creando un sufrimiento que sólo es el resultado de nuestra ceguera y, con él, el desasosiego, la congoja, el mie­do, la inseguridad... Nada de esto exis­te sino en nuestra mente dormida. Cuando despertemos, se acabó.

Importa la vida

El ir contra la realidad, haciendo problemas de las cosas, es creer que tú importas, y lo cierto es que tú, como personaje individual, no importas nada. Ni tú, ni tus decisiones ni acciones im­portan en el desarrollo de la vida; es la vida la que importa y ella sigue su cur­so. Sólo cuando comprendes esto y te acoplas a la unidad, tu vida cobra sen­tido. Y esto queda muy claro en el Evangelio. ¿Importaron todas las trans­gresiones y desobediencias para la his­toria de la salvación? ¿Importa si yo asesino a un hombre? ¿Importó el que asesinaran a Jesucristo? Los que lo ase­sinaron creían estar haciendo un acto bueno, de justicia, y lo hicieron después de mucho discernimiento.

Jesús era portador de la luz y por ello predicaba las cosas más raras y contra­rias al judaísmo, a sus creencias e in­terpretaciones religiosas: hablaba con las mujeres, comía con los ladrones y prostitutas. Pero, además, interpretaba la Ley en profundidad, saltándose las reglas y sus formas. Los sabios y los poderosos tenían que eliminarlo. ¿Po­día ser de otra manera? Era necesario que muriera así, asesinado y no enfer­mo de vejez.

Cuentan que un rey godo se emocio­nó al oír el relato de Jesús y dijo: "¡De estar yo allí, no lo hubieran matado!"

¿Lo creemos así, como ese rey godo? Dormimos.

La muerte de Jesús descubre la rea­lidad en una sociedad que está dormi­da y, por ello, su muerte es la luz. Es el grito para que despertemos.

No te ates

¿Qué hace falta para despertarse? No hace falta esfuerzo ni juventud ni dis­currir mucho. Sólo hace falta una cosa, la capacidad de pensar algo nuevo, de ver algo nuevo, de ver algo nuevo y de descubrir lo desconocido. Es la capa­cidad de movernos fuera de los esque­mas que tenemos. Ser capaz de saltar sobre los esquemas y mirar con ojos nuevos la realidad que no cambia.

El que piensa como marxista, no piensa; el que piensa como budista, no piensa; el que piensa como musulmán, no piensa... y el que piensa como católico, tampoco piensa. Ellos son pensados por su ideología. Tú eres un esclavo en tanto y en cuanto no puedes pensar por encima de tu ideología. Vives dormido y pensado por una idea. El profeta no se deja lle­var por ninguna ideología, y por ello es tan mal recibido. El profeta es el pionero, que se atreve a elevarse por encima de los esquemas, abriendo camino.

La Buena Nueva fue rechazada por­que no querían la liberación personal, sino un caudillo que los guiase. Tememos el riesgo de volar por noso­tros mismos. Tenemos miedo a la li­bertad, a la soledad, y preferimos ser esclavos de unos esquemas. Nos ata­mos voluntariamente, llenándonos de pesadas cadenas, y luego nos queja­mos de no ser libres. ¿Quién te tiene que liberar si ni tú mismo eres cons­ciente de tus cadenas?

Las mujeres se atan a sus maridos, a sus hijos. Los maridos a sus mujeres, a sus negocios. Todos nos atamos a los deseos y nuestro argumento y justifi­cación es el amor. ¿Qué amor? La rea­lidad es que nos amamos a nosotros mismos, pero con un amor adulterado y raquítico que sólo abarca el yo, el ego. Ni siquiera somos capaces de amarnos a nosotros mismos en libertad. 

Entonces, ¿cómo vamos a saber amar a los demás, aunque sean nuestros es­posos o nuestros hijos? Nos hemos acostumbrado a la cárcel de lo viejo y preferimos dormir para no descubrir la libertad que supone lo nuevo.

Lo peor y más peligroso del que duerme es creer que está despierto y confundir sus sueños con la realidad.

No confundas los sueños

Vosotros estáis dormidos porque, si no, ya no necesitarías venir a este cur­so. Si ya lo vierais todo con ojos nue­vos, ya no necesitaríais venir a desper­taros. Pero, si sois capaces de recono­ceros dormidos, ser conscientes de que no estáis despiertos, ya es un paso. Pues lo peor y más peligroso del que duer­me es creer que está despierto y con­fundir sus sueños con la realidad. Lo primero que necesitáis para despertar, es saber que estáis durmiendo y estáis soñando.

La religión es una cosa buena en sí, pero en manos de gente dormida pue­de hacer mucho daño. Y lo podemos ver muy claramente por la historia de una religión que, en el nombre de Dios, cometió tantas barbaridades creyendo que hacía el bien. Si no sabes emplear la religión en esencia, en libertad, sin fanatismos ni ideologías de un color u otro, puedes hacer mucho daño y, de hecho, se sigue haciendo.

Para despertar hay que estar dispues­to a escucharlo todo, más allá de los cartelitos de buenos y malos, con receptividad, que no quiere decir credu­lidad. Hay que cuestionarlo todo, aten­tos a descubrir las verdades que puede haber, separándolas de las que no lo son. Si nos identificamos con las teo­rías sin cuestionarlas con la razón -y sobre todo con la vida- y nos las tra­gamos almacenándolas en la mente, es que seguimos dormidos. No has sabi­do asimilar esas verdades para hacer tus propios criterios. Hay que ver las ver­dades, analizarlas y ponerlas a prueba, una vez cuestionadas.

"Haced lo que os digo", dice Jesús. Pero no podremos hacerlo si antes no nos transformamos en el hombre nue­vo, despierto, libre, que ya puede amar.

"Aunque diera todo a los pobres, y mi cuerpo a las llamas -dice Pablo­, ¿de qué me serviría si no amo?" Este modo de ver de Pablo se consigue vi­viendo, y este modo de ser nace de es­tar despierto, disponible y sin engaños.

Cuando la relación entre amigos no funciona lo bien que tú quisieras, pue­des aliviarla. Puedes pararte y comen­zar una tregua, pero si no has puesto al aire las premisas que están debajo, el problema sigue en pie, y seguirá gene­rando sentimientos negativos.

¡Qué lío!

Mi vida es un lío. ¿Soy capaz de re­conocerlo? Necesito tener receptividad. ¿Estoy dispuesto a reconocer que el su­frimiento y la congoja los fabrico yo mismo? Si eres capaz de darte cuenta, es que comienzas a despertarte.

Ordinariamente, buscamos alivio y no curación. Cuando sufres, ¿estás dis­puesto a separarte de ese sufrimiento lo necesario para analizarlo y descubrir el origen que está detrás? Es preferible dejar que sufras un poco más, hasta que te hartes y estés dispuesto a ver. O des­piertas tú, o la vida te despertará.

Las componendas y alivios son manejos comerciales del buen comportamiento que te ha metido en la mente tu sentido de buena educación. Si los miras, bien despierto, descubri­rás que no son más que utilización, co­mercio de toma y daca y chantaje, más hipocresía. Cuando ves esto, ¿quieres quitarte el cáncer, o tomar un analgésico para no sufrir? Cuando la gente se harta de sufrir es un buen momento para despertar.

Buda dice: "El mundo está lleno de dolor, que genera sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el deseo. Si quieres arrancarte esa clase de dolor, tendrás que arrancarte el deseo."

¿El deseo es cosa buena? Es una cuestión de lenguaje, pues la palabra "deseo", en español, abarca deseos buenos, que son estímulos de acción, y deseos estériles, que a nada condu­cen. A estos deseos, para entendernos, vamos a llamarlos apegos.

La base del sufrimiento es el ape­go, el deseo. En cuanto deseas una cosa compulsivamente y pones todas tus ansias de felicidad en ella, te ex­pones a la desilusión de no conseguir­la. De no haber deseado tanto que tu amigo te acoja, te contemple y te ten­ga en cuenta; de no desearlo tanto, no te importaría su indiferencia ni su re­chazo. Donde no hay deseo-apego, no hay miedo, porque el miedo es la cara opuesta del deseo, insepa­rable de él.

Sin esta clase de deseos, nadie te puede intimidar, ni nadie te puede con­trolar o robar, porque, si no tienes deseos, no tienes miedo a que te quiten nada.

No hay pareja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerables.

El amor no duerme

Donde hay amor no hay deseos. Y por eso no existe ningún miedo. Si amas de verdad a tu amigo, tendrías que poder decirle sinceramente: "Así, sin los cristales de los deseos, te veo como eres, y no como yo desearía que fue­ses, y así te quiero ya, sin miedo a que te escapes, a que me faltes, a que no me quieras." Porque en realidad, ¿qué deseas? ¿Amar a esa persona tal cual es, o a una imagen que no existe? En cuanto puedas desprenderte de esos deseos-apegos, podrás amar; a lo otro no se lo debe llamar amor, pues es todo lo contrario de lo que el amor significa.

El enamorarse tampoco es amor, sino desear para ti una imagen que te imaginas de una persona. Todo es un sueño, porque esa persona no existe. Por eso, en cuanto conoces la reali­dad de esa persona, como no coincide con lo que tú te imaginabas, te des­enamoras. La esencia de todo enamo­ramiento son los deseos. Deseos que generan celos y sufrimiento porque, al no estar asentados en la realidad, viven en la inseguridad, en la descon­fianza, en el miedo a que todos los sueños se acaben, se vengan abajo.

El enamoramiento proporciona cier­ta emoción y exaltación que gusta a las personas con una inseguridad afectiva y que alimentan una sociedad y una cultura que hacen de ello un comercio. Cuando estás enamorado no te atreves a decir toda la verdad por miedo a que el otro se desilusione porque, en el fon­do, sabes que el enamoramiento sólo se alimenta de ilusiones e imágenes idealizadas.

El enamoramiento supone una ma­nipulación de la verdad y de la otra per­sona para que sienta y desee lo mismo que tú y así poder poseerla como un objeto, sin miedo a que te falle. El ena­moramiento no es más que una enfer­medad y una droga del que, por su in­seguridad, no está capacitado para amar libre y gozosamente.

La gente insegura no desea la felicidad de verdad; porque teme el riesgo de la libertad y, por ello, prefiere la dro­ga de los deseos. Con los deseos vie­nen el miedo, la ansiedad, las tensio­nes y..., por descontado, la desilusión y el sufrimiento continuos. Vas de la exaltación al desespero.

¿Cuánto dura el placer de creer que has conseguido lo que deseabas? El primer sorbo de placer es un encan­to, pero va prendido irremediable­mente al miedo a perderlo, y cuando se apoderan de ti las dudas, llega la tristeza. La misma alegría y exalta­ción de cuando llega el amigo, es pro­porcional al miedo y al dolor de cuan­do se marcha... o cuando lo esperas y no viene... ¿Vale la pena? Donde hay miedo no hay amor, y podéis es­tar bien seguros de ello.

Cuando despertamos de nuestro sue­ño y vemos la realidad tal cual es, nues­tra inseguridad termina y desaparecen los miedos, porque la realidad es y nada la cambia. Entonces puedo decirle al otro: "Como no tengo miedo a perderte, pues no eres un objeto de propiedad de nadie, entonces puedo amarte así como eres, sin deseos, sin apegos ni condiciones, sin egoísmos ni querer poseerte." Y esta forma de amar es un gozo sin límites.

¿Qué haces cuando escuchas una sinfonía? Escuchas cada nota, te delei­tas en ella y la dejas pasar, sin buscar la permanencia de ninguna de ellas, pues en su discurrir está la armonía, siempre renovada y siempre fresca. Pues, en el amor, es igual. En cuanto te agarras a la permanencia destruyes toda la belleza del amor. No hay pare­ja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. El apego mu­tuo, el control, las promesas y el deseo, te conducen inexorablemente a los con­flictos y al sufrimiento y, de ahí, a cor­to o largo plazo, a la ruptura. Porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles. Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerable.

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Hay dos tipos de deseos o de de­pendencias: el deseo de cuyo cumpli­miento depende mi felicidad y el deseo de cuyo cumplimiento no depen­de mi felicidad.

El primero es una esclavitud, una cárcel, pues hago depender de su cumplimiento, o no, mi felicidad o mi sufrimiento. El segundo deja abierta otra alternativa: si se cumple me ale­gro y, si no, busco otras compensaciones. Este deseo te deja más o me­nos satisfecho, pero no te lo juegas todo a una carta.

Pero existe una tercera opción, hay otra manera de vivir los deseos: como estímulos para la sorpresa, como un juego en el que lo que más importa no es ganar o perder, sino jugar.

Hay un proverbio oriental que dice: "Cuando el arquero dispara gratuita­mente, tiene con él toda su habilidad." Cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya está algo nervio­so. Cuando dispara para ganar una me­dalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues ya no ve un blanco, sino dos. Su habilidad no ha cambiado pero el premio lo divide, pues el deseo de ganar le quita la alegría y el disfrute de disparar. Quedan apegadas allí, en su habilidad, las energías que necesitaría libres para disparar. El deseo del triun­fo y el resultado para conseguir el pre­mio se han convertido en enemigos que le roban la visión, la armonía y el goce.

El deseo marca siempre una depen­dencia. Todos dependemos, en cierto sentido, de alguien (el panadero, el le­chero, el agricultor, etc., que son necesarios para nuestra organización). Pero depender de otra persona para tu pro­pia felicidad es, además de nefasto para ti, un peligro, pues estás afirmando algo contrario a la vida y a la realidad.

Por tanto, el tener una dependencia de otra persona para estar alegre o tris­te es ir contra la corriente de la reali­dad, pues la felicidad y la alegría no pueden venirme de fuera, ya que están dentro de mí. Sólo yo puedo actualizar las potencias de amor y felicidad que están dentro de mí y sólo lo que yo con­siga expresar, desde esa realidad mía, me puede hacer feliz, pues lo que me venga desde afuera podrá estimularme más o menos, pero es incapaz de dar­me ni una pizca de felicidad.

Dentro de mí suena una melodía cuando llega mi amigo, y es mi melo­día la que me hace feliz; y cuando mi amigo se va me quedo lleno con su música, y no se agotan las melodías, pues con cada persona suena otra me­lodía distinta que también me hace fe­liz y enriquece mi armonía. Puedo te­ner una melodía o más, que me agra­den en particular, pero no me agarro a ellas, sino que me agradan cuando es­tán conmigo y cuando no están, pues no tengo la enfermedad de la nostalgia, sino que estoy tan feliz que no añoro nada. La verdad es que yo no puedo echarte de menos porque estoy lleno de ti. Si te echase de menos sería recono­cer que al marcharte te quedaste fuera. ¡Pobre de mí, si cada vez que una per­sona amada se va, mi orquesta deja de sonar!

Cuando te quiero, te quiero inde­pendiente de mí, y no enamorado de mí, sino enamorado de la vida. No se puede caminar cuando se lleva a al­guien agarrado. Se dice que tenemos necesidades emocionales: ser querido, apreciado, pertenecer a otro, que se nos desee. No es verdad. Esto, cuando se siente esa necesidad, es una enfermedad que viene de la inse­guridad afectiva.

Tanto la enfermedad, necesidad de sentirme querido, como la medicina que se ansía, el amor recibido, están basados en premisas falsas. Necesida­des emocionales para conseguir la fe­licidad en el exterior, no hay ninguna; puesto que tú eres el amor y la felici­dad en ti mismo. Sólo mostrando ese amor y gozándote en él vas a ser real­mente feliz, sin agarraderas ni deseos, puesto que tienes en ti todos los ele­mentos para ser feliz.

La respuesta de amor del exterior agrada y estimula, pero no te da más felicidad de la que tú dispones, pues tú eres toda la felicidad que seas capaz de desarrollar. Dios es la Verdad, la Feli­cidad y la Realidad, y Él es la Fuente, dispuesta siempre para llenarnos en la medida que, libremente, nos abramos a Él.

Tú ya eres felicidad

Despertarse es la única experiencia que vale la pena. Abrir bien los ojos para ver que la infelicidad no viene de la realidad, sino de los deseos y de las ideas equivocadas. Para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no te dejan ver la reali­dad. Eso sólo se consigue mantenién­dote despierto y llamando a las cosas por su nombre.

Tú ya eres felicidad, eres la felici­dad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido. Te escondes detrás de las fantasías, de las ilusiones y también de las miserias de las que te avergüen­zas. Nos han programado para ser feli­ces o infelices (según aprieten el botón de la alabanza o de la crítica), y esto es lo que te tiene confundido. Has de dar­te cuenta de esto, salir de la programa­ción y llamar a cada cosa por su nombre.

Si te empeñas en no despertar, nada se puede hacer. "No te puedes empe­ñar en hacer cantar a un cerdo, pues perderás tu tiempo y el cerdo se irrita­rá." Ya sabes que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Si no quieres oír para despertar, seguirás programado, y la gente dormida y programada es la más fácil de controlar por la sociedad.

Dentro de mí suena una melodía cuando llega mi amigo, y es mi melodía la que me hace feliz; y cuando mi amigo se va me quedo lleno de su música

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¡DESPROGRÁMATE!

¡SÉ TÚ MISMO!

Lo importante es ser capaz de darte cuenta de que no eres más que un yo­yo, siempre de arriba para abajo, según tus problemas, tus disgustos o depre­siones; que eres incapaz de mantener una estabilidad. Darte cuenta de que te pasas la vida a merced de personas, de cosas o situaciones. Que te manipulan o tú puedes manipular. Que no eres dueño de ti ni capaz de mirar las situaciones con sosiego, sin enfados ni ansiedad.

Toda esa actitud sólo depende de tu programación. Estamos programados desde niños por las conveniencias socia­les, por una mal llamada educación y por lo cultural. Vivimos por ello programa­dos y damos la respuesta esperada ante situaciones determinadas, sin pararnos a pensar qué hay de cierto en la situación, y si es consecuente con lo que de verdad somos esa respuesta habitual y mecá­nica.

Tenemos programadas ideas conven­cionales y culturales, que tomamos como verdades cuando no lo son. Como la idea de patria, de fronteras y hábitos culturales que nos llevan a con­flictos cuando nada tienen que ver con la verdad.

Lo que haces como hábito, te hace dependiente porque te lo han programado. Sólo lo que surge de dentro es tuyo y te hace libre.

¡Desprográmate!

Cuando venía hacia aquí, en el avión, me dijeron:

-Mira, ya salimos de la India, ahí está la frontera.

Yo me asomé y por más que miraba no vi ni una línea, ni una barrera natu­ral de separación. ¿Es que existen las fronteras en la naturaleza? No están más que en nuestra mente. Toda tierra es de todos, y toda cultura no es más que ideas que nos separan.

Hubo un niño blanco que se perdió en la selva y se crió en una tribu con cultura distinta. Cuando creció se casó con una nativa de aquella cultura. Ocu­rrió que a una amiga de su mujer se le murió su marido en la guerra, y aque­lla noche, al pensar en su amiga sola, la mujer nativa le dijo al marido blanco:

-Oye, me gustaría que fueses a consolar a mi amiga, que está sola, y como ya no tiene marido te acostases con ella.

El marido, que recordaba aún rasgos de su cultura, se negaba, horrorizado, pero al final complació a su mujer. Cuando volvió, la mujer le dijo:

-Ya sabía que eras un buen hom­bre y ahora te quiero más, porque eres compasivo y me siento orgullosa de ti.

¡Qué bella su cultura, pero qué difí­cil de entender y seguir para nosotros! No existe separación de razas, sólo dis­tintas culturas programadas en nuestras mentes. En la naturaleza no existen fronteras. El honor, el éxito y el fraca­so no existen, como tampoco la belle­za ni la fealdad, porque todo consiste en una manera de ver de cada cultura. Es lo cultural lo que provoca esas emo­ciones ante el nombre de patria, raza, idioma o pueblo. Son distintas formas de ver que están programadas en nues­tra mente. La patria es el producto de la política, y la cultura es la manera de adoctrinar.

Cuando eres un producto de tu cul­tura, sin cuestionarte nada, te convier­tes en un robot. Tu cultura, tu religio­sidad y las diferencias raciales, nacio­nales o regionales te han sido estam­padas como un sello y las tomas como algo real. Te enseñaron una religiosi­dad y una forma de comportarte que no has elegido, sino que te vinieron im­puestas desde fuera, antes de que tuvie­ses edad o discernimiento para decidir, y sigues así, con ellas colgadas, como una piedra al cuello.

Sólo lo que nace y se decide aden­tro es auténtico y te hace libre. Lo que haces como hábito y que no puedes dejar de hacer porque te domina, te hace dependiente, esclavo de lo que crees, porque te lo han programado. Sólo lo que surge de dentro lo anali­zas, lo pasas por tu criterio y te deci­des a ponerlo en práctica asumiéndo­lo; es tuyo y te hace libre.

Tienes que liberarte de tu historia y su programación para responder por ti mismo y no de personaje a personaje.

Lo mismo ocurre con lo que creemos amor y que no es más que un mo­delo cultural aceptado por la mente. No se puede vivir influenciado por el pa­sado. Lo menos que se puede hacer por el amor es ser sincero, tener claridad de percepción y llamar a cada cosa por su nombre. Ser capaz de dar la respues­ta precisa sin engañar ni engañarte. Por­que te amo te doy la respuesta, desde mi realidad, que te corresponde a ti y a tu realidad, en este momento. Más tar­de no sé lo que puede ocurrir, y por ello no te hago promesas que no sé si po­dría cumplir.

Esto es lo menos que puedes exigirle al amor: sinceridad. La espiritualidad consiste en ver las cosas, no a través de cristales de color, sino tal como son. La espiritualidad ha de nacer de ti mismo; y cuanto más seas tú mismo, serás más es­piritual.

Lo cierto es que el dolor existe porque rechazamos que lo único sustancial es el amor, la felicidad, el gozo. 

Biblioteca Nueva Era- Rosario – Argentina     Adherida al Directorio Promineo          

FWD:   www.promineo.gq.nu


23 de octubre de 2020

* Hoponopono. Oración completa de resolución de Problemas.



El Ho´oponopono es un arte hawaiano de resolución de problemas
 que se basa en que todo lo que hay en nuestras vidas es un pensamiento, programa funcionando, memoria que puede ser soltado, borrado, limpiado.

Sus principales herramientas son el perdón y la reconciliación.                         Ho’oponopono quiere decir enmendar, corregir un error.

Ho´oponopono oración

“Divino creador, padre, madre, hijo en uno, si yo, mi familia, parientes y antepasados te han ofendido a ti, tu familia, parientes, antepasados en pensamiento, palabra, obra y acción desde el principio de la creación hasta el presente, te pedimos perdón.

Deja que esto limpie, purifique, libere, corte todos los recuerdos negativos, bloqueos, energías y vibraciones y transmute esas energías no deseadas en luz pura. Está hecho.” 

El ho´oponopono te propone traer la paz y el equilibro a tu vida de una manera sencilla y efectiva recurriendo a la limpieza física y mental y por medio de un proceso de perdón, arrepentimiento y transmutación.

Como el origen de tus problemas está en ti, tú puedes cambiar aquello que los produce recurriendo al ho’oponopono.

Ho´oponopono mantras

Lo siento, perdóname, gracias, te amo

Las 4 palabras sanadoras: las palabras son códigos que activan las partículas que componen nuestra realidad junto con los pensamientos y las acciones. Son muy poderosas según la intención que depositemos en ellas.

  • Lo siento: al decir lo siento nos hacemos responsables frente a la situación manifestada. Nos lo decimos a nosotros mismos para liberar una memoria errónea que habita en nosotros. Por las cargas del pasado (todo lo que te ha hecho sufrir).
  • Perdóname: nos pedimos perdón por lo que hay en nosotros que ha creado la realidad que nos toca vivir. Por arrastrarlas y no soltarlas (por atraer o permitir eso en tu vida que no esta a tu mismo nivel vibratorio).
  • Gracias:  invita a la transmutación, no es fácil dar las gracias, sobre todo cuando la situación que estamos viviendo es desagradable. No damos las gracias a la situación, sino a las memorias por haberse manifestado en esa experiencia y habernos dado la oportunidad de limpiarlas. Me entrego a un poder mayor que soy YO mismo en otro tiempo y espacio con un poder infinito.
  • Te amo: el amor es un potente transformador, le decimos a nuestras memorias que las amamos  y las liberamos de esa situación . Porque amarse es lo único que debemos hacer, el amor mueve montañas.

Si gracias fuese la única oración de tu vida, sería suficiente (eckhart tolle)

Estas 4 palabras, repetidas regularmente pueden transformar toda tu vida ( o una de ellas solamente).

Cada vez que lo decimos, acogemos la vida como un regalo, momento a momento.

El amor esta en todo el universo, sólo tienes que abrir la puerta y dejar entrar la abundancia. Repite esta 4 palabras mágicas:

Lo siento, perdóname, te amo, gracias

Lo siento, perdóname, te amo, gracias

Lo siento, perdóname, te amo, gracias

 

Definición de este método de borrado de memorias

El ho´oponopono es un método muy sencillo para cambiar los pensamientos que nos pueden llegar a limitar ya que somos responsables de todo lo que vemos y existe en el universo.

Los conflictos surgen de uno mismo y no debido a la fuerza de una realidad externa.

Somos responsables de nuestras acciones y las de los demás, y por ello para cambiar una realidad tienes que cambiarte a ti.

Morrnah simeona >> “Limpia, borra, borra y encuentra tu propia PAZ. ¿Dónde? Dentro de ti”.

Morrnah Nalamaku Simeona (19 de mayo de 1913 – 11 de febrero de 1992) fue quien creó la Auto Identidad a través del Ho´oponopono.

Tuvo su reconocimiento como sanadora (kahuna lapa ´au) en Hawái y distinguida como un Tesoro Viviente por el Estado de Hawái en 1983.

En culturas profesionales de Polinesia, se pensaba que los errores de las personas eran causantes de enfermedades al enervar los ánimos de los dioses, y por ello para depurar errores había que confesarse ya que en caso contrario se podía enfermar o morir.

El Ho’oponopono requiere que la familia se reúna para realizar conjuntamente un proceso de oración, discusión, confesión, arrepentimiento, restitución y perdón mutuo».

AGRADECE, SIENTE, PERDONA, AMA

Para utilizar la técnica del ho’oponopono establece cuál es la situación a trabajar y estudia más sobre ella con ayuda de tu mente subconsciente y supraconsciente con preguntas como:

  • ¿Qué tengo yo que pueda dar lugar o relacionarse con esta situación o problema?
  • ¿Qué conductas y patrones repito?
  • ¿Qué memorias hay relacionadas?
  • ¿Cómo actúo en esta situación y cómo la resuelvo?
  • ¿Qué pienso al respecto?
  • ¿Cómo me siento al respecto? ¿Qué sentimientos tengo?
  • ¿Qué puedo hacer para mejorar esta situación?

TE RECOMENDAMOS LEER:DOBLE CUÁNTICO – COMO CONTACTAR CON TU OTRO YO

Apunta todas las respuestas en papel y conoce cuáles son tus conductas de actitud, emocionales y mentales. Tras traer a tu mente la situación que te molesta o afecta le tienes que decir:

Se practica el ho´oponopono repitiendo palabras o frases a la Divinidad para que limpie las memorias que crean el problema que nos sucede. Pueden ser palabras como «Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo».

Esto se ha de hacer varias veces sin límite y en cualquier momento del día.

Aunque mencionamos unas frases, solo tienes que elegir la que mejor te vaya de todas las que hay en hoponopono, la que mejor resuena. Al hacer esto, no exiges a la Divinidad sino que confías en que sucederá lo correcto.

Si dices esto cuando estás triste, preocupado, asustado, enfadado o tienes un mal sentimiento, te ayudará.

Pero debes hacerlo con serena alegría y siendo consciente de que eres tú quien crea esta situación o los problemas, no los demás, aunque se recomienda que lo hagas siempre y no solo cuando tienes un problema.

Cuando asumes tu responsabilidad y limpias la memoria que crea esta situación, esto se borra de los demás.

¿Qué puedes resolver con esta técnica hawaiana?

  • Problemas en el colegio, problemas en el trabajo, fracaso escolar, acoso …
  • Malas relaciones con familiares, amigos, vecinos, conocidos, otras personas
  • Problemas de pareja
  • Comprender y así poder sanar las enfermedades físicas
  • Conflictos con uno mismo y con los demás
  • Limpiar el karma, miedos arraigados, temores arraigados
  • Obtener mayor claridad mental

Lo puede hacer cualquiera independientemente de sus circunstancias personales, su edad o su cultura, incluso es apto para niños y animales. Cualquiera que sea tu situación o problema, el ho’oponopono te ayudará si lo practicas como debes.

10 Herramientas de limpieza 

El Ho’oponopono utiliza diferentes herramientas para limpiar las denominadas “memorias erróneas”.

Estas herramientas pueden combinarse con las cuatro frases que conforman los pilares de la terapia: “Lo siento” “Perdóname” “Te amo” y “Gracias”.

Estas son las principales herramientas de limpieza Ho’oponopono:

  • Respiración HA

Se dice que esta es la “madre” de todas las herramientas de limpieza de  Ho’oponopono pues solo ella puede curar la depresión.

Se trata de la inspiración de Mana (energía vital) que no solo elimina la depresión sino que también ayuda a limpiar el campo energético del cuerpo.

Una vez que se equilibra y regula la respiración se logra también equilibrar los latidos del corazón y se siente una reconfortante relajación.

El proceso de respiración HA debe hacerse estando sentado cómodamente, con la espalda recta y los pies en el suelo, comenzando con una inhalación y contando mentalmente hasta 7 normalmente.

Mantener la respiración mientras se cuenta nuevamente hasta 7 y exhalar contando otra vez hasta 7 soltando el último resto de aire con un suspiro.

Para terminar se debe mantener la respiración pero con los pulmones vacíos contando hasta 7 y comenzar todo de nuevo, repitiendo el proceso 9 veces.

  • Agua Solar

El agua solar es una herramienta que ayuda a limpiar los recuerdo y memorias de la mente y también del niño interior que vive en cada individuo.

Solo es necesario contar con una botella de vidrio de color azul y con tapón de corcho que evite la entrada de impurezas.

El secreto está en llenar la botella con agua, tapar con el corcho y colocarla al sol durante una hora como mínimo para que se cargue de energía y estar así lista para beber.

  • Lápiz con goma de borrar

Para esta herramienta se utiliza un lapiz con goma de borrar en un extremo y la forma de utilizarla es bien sencilla pues basta dar golpecitos con la goma sobre todos aquellos elementos u objetos que contengan negatividad o generen algún tipo de malestar;

Según los principios de Ho’oponopono la carga negativa tiene que ver con alguna memoria en la persona que se presenta ante sus ojos para que la limpie.

Se trata de una herramienta efectiva pero solo para objetos pues se activa la liberación de todos los recuerdos a través de todas las generaciones desde que fueron creados, no siendo recomendado tocar con la goma personas.

  • Vaso de agua

Es suficiente llenar hasta las tres cuartas partes de agua un vaso de vidrio transparente y colocar el mismo en cualquier habitación de la casa que represente una inspiración especial para la persona que utiliza esta herramienta.

El vaso de agua ayuda a limpiar y borrar memorias y para mayor efectividad es necesario cambiar el agua del vaso dos veces al día como mínimo, ya que el agua absorbe toda la negatividad del ambiente.

  • La Libreta

Utilizar una libreta y escribir en ella todos aquellos asuntos, temas o tareas a cumplir durante un día. Es necesario colocar la fecha y escribir aquello que genera preocupación o lo que se desea limpiar.

Una vez terminado este primer paso se cierra el cuaderno, se dan varios toques en la portada a la vez que se pide a la “Divinidad” en la que se crea para que limpie la memoria que causa la visión de problemas o preocupaciones previamente escritos.

También se recomienda dar  algunos golpecitos con la goma del lápiz y decir: Lo siento, Perdóname, Te amo, Gracias.

Cabe recordar que el uso de alguna o todas estas herramientas de limpieza  Ho’oponopono es para pedir a la Divinidad que limpie las memorias que producen los problemas, ansiedades, conflictos o aquello que produce malestar, recordando que la “Divinidad” sabe mejor que la propia persona cual es la solución más apropiada y que se brinda a través de diferentes respuestas.

Otras herramientas de limpieza

  • Hojas de otoño es una herramienta para soltar apegos a cosas, hábitos personas y todo aquello de lo que debes desprenderte porque te aferras a ello y ya no te es útil.
  • Gotas de rocío para limpiar memorias que existen en ti y compartes con las personas que se encuentran a tu lado, memorias repetidas una y otra vez y que no deseas vivir.
  • Llave de luz para apagar el interruptor de tus programas negativos.
  • Hielo azul para cuando hay dolor, es anestesia.
  • Papel de moscas, para utilizar mientras tiras hacia el cielo un papel para que los problemas se peguen a él y se borren. Se utiliza en problemas de pareja.

Estas son algunas de las muchas herramientas a las que se puede recurrir con ho’oponopono, aunque hay muchas más que pueden ser por medio de frases o actuaciones concretas como puedes ver en papel de moscas o agua solar azul.

Tú puedes desde este mismo momento liberarte de ciertas situaciones haciéndote responsable de ellas introduciendo el ho’oponopono en tu vida.

Resolver problemas de dinero

Llovizna es una herramienta de ho’oponopono para trabajar programas negativos en el ámbito económico y del dinero. Trabaja programaciones de dinero, memorias de carencia y recupera la fe de que todo lo que se desea ya ha sido enviado. Tus creencias de que no hay suficiente son limpiadas.

Puedes recurrir a la frase “Lo siento, por favor perdóname, gracias, te amo, llovizna, llovizna, llovizna”.

Fuente: triskelate.com

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Leer más >>>>                            Hoo pono pono (por Joe Vitale)

Ahora me gustaría hablar de la fe más importante, la fe en uno mismo. No es imperativo creer en nada afuera nuestro. No es necesario creer en Dios, Jesús, Buda ni Moisés a menos que esto nos haga sentir bien. Lo que sí necesitamos es creer en nosotros mismos y en el poder que está adentro nuestro. Para acceder a él, debemos renunciar a muchas creencias, opiniones y juicios sobre nosotros mismos para querernos y aceptarnos tal cual somos. Sé que esto no es algo fácil. Ni siquiera sabemos conscientemente cuáles son las creencias que nos están afectando, pero con el proceso que enseño en este libro, no es necesario conocerlas, sino dar permiso para que se vayan.

Cuando uno cree en sí mismo y se ama incondicionalmente, se vuelve invencible. La gente percibe esta cualidad. No es necesario hablar ni decir nada. Cuando uno confía en sí mismo, cierta gente empieza a alejarse mientras que otra se acerca trayendo las oportunidades que uno anhela. El secreto está en aceptarse tal cual uno es y dejar de creer que uno no es bueno, que no es lo suficientemente inteligente, capaz o digno o que primero necesita obtener el título universitario. Sólo nosotros podemos cambiar lo que creemos de nosotros mismos.

Lo más importante es ponerse en primer lugar para dejar de ser esa persona que los otros quieren que uno sea. Es preciso despertar y entender que el poder está adentro nuestro y no en la aprobación de los demás. Cuando uno tiene fe en sí mismo, automáticamente empiezan a crecer sus talentos interiores y se empieza a sentir feliz. La fe tiene que ver con la capacidad de amar y disfrutar la vida.

Nuestra vida transcurre en nuestra propia mente. La guerra está en nuestra cabeza y sólo nosotros podemos devolvernos la paz. Es preciso recordar que en cierto sentido siempre tenemos razón. Si decimos que podemos, podemos. Si decimos que no podemos, así es, no podemos.

Estamos aquí para vivir, disfrutar la vida y ser felices. La fe en nosotros mismos nos da la libertad de ser auténticos, y esto a su vez engendra la felicidad que tanto anhelamos.

Vamos a la practica ...

Hace dos años, escuche hablar de un terapeuta en Hawaii quien curó un pabellón completo de pacientes criminales insanos sin siquiera ver a ninguno de ellos. El psicólogo estudiaba la ficha del recluso y luego miraba dentro de si mismo para ver cómo él había creado la enfermedad de esa persona. En la medida en que el mejoraba, el paciente se mejoraba.

La primera vez que escuche hablar de esta historia, pensé que era una leyenda urbana. ¿Como podía cualquiera curar a otro con solo curarse a si mismo? ¿Como podía aunque fuera el maestro de mayor poder de auto curación curar a alguien criminalmente insano? No tenia ningún sentido, no era lógico, de modo que descarte esta historia.

Sin embargo, la escuche nuevamente un año después. Escuché que el terapeuta había usado un proceso de sanación Hawaiano llamado “oponopono”. Nunca había oído hablar de ello, sin embargo no podía sacarlo de mi mente. Si la historia era totalmente cierta, yo tenía que saber más. Siempre había entendido que “total responsabilidad” significaba que yo soy responsable de lo que pienso y hago. Lo que esté mas allá, está fuera de mis manos. Pienso que la mayor parte de la gente piensa igual sobre la responsabilidad. Somos responsables de lo que hacemos, no de lo que los otros hacen – pero eso está equivocado.

El terapeuta Hawaiano que sanó a esas personas mentalmente enfermas me enseñaría una nueva perspectiva avanzada sobre lo que es la total responsabilidad. Su nombre es Dr. Ihaleakala Hew Len. Probablemente hayamos pasado una hora hablando en nuestra primera conversación telefónica. Le pedí que me contara la historia total de su trabajo como terapeuta.

Él explicó que había trabajado en el Hospital Estatal de Hawai durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los locos criminales era peligroso.

Por regla general los psicólogos renunciaban al mes de trabajar allí. La mayor parte de los miembros del personal allí caían enfermos o simplemente renunciaban. La gente que atravesaba ese pabellón simplemente caminaba con sus espaldas contra la pared, temerosos de ser atacados por sus pacientes. No era un lugar placentero para vivir, ni para trabajar ni para visitar.

El Dr. Len me dijo que el nunca vio a los pacientes. Firmo un acuerdo de tener una oficina y revisar sus legajos. Mientras miraba esos legajos, el trabajaría sobre si mismo. Mientras el trabajaba sobre si mismo, los pacientes comenzaban a curarse.

“Luego de unos pocos meses, a los pacientes que debían estar encadenados se les permitía caminar libremente” me dijo. “Otros que tenían que estar fuertemente medicados, comenzaban a mermar su medicación. Y aquellos que no tenían jamás, ninguna posibilidad de ser liberados, fueron dados de alta”. Yo estaba asombrado. “No solamente eso” continuó, “sino que el personal comenzó a gozar yendo a trabajar.”

“El ausentismo y los cambios de personal desaparecieron. Terminamos con más personal del que necesitábamos porque los pacientes eran liberados y todo el personal venia a trabajar. Hoy ese pabellón esta cerrado.”

Aquí es donde yo tuve que hacer la pregunta del millón de dólares: “¿Qué estuvo haciendo usted con usted mismo que ocasionó que esas personas cambiaran?”

“Yo simplemente estaba sanando la parte de mi que los había creado a ellos”, dijo él. Yo no entendí. El Dr. Len explico que entendía que la total responsabilidad de tu vida implica a todo lo que está en tu vida, simplemente porque está en tu vida, y por ello es tu responsabilidad. En un sentido literal, todo el mundo es tu creación.

¡Uau! Esto es duro de tragar. Ser responsable por lo que yo hago o digo es una cosa. Ser responsable por lo que cualquiera que esté en mi vida hace o dice es otra muy distinta. Sin embargo la verdad es esta: si asumes completa responsabilidad por tu vida, entonces todo lo que ves, escuchas, saboreas, tocas o experimentas de cualquier forma es tu responsabilidad porque ésta en tu vida. Esto significa que la actividad terrorista, el presidente, la economía o cualquier cosa que experimentas y no te gusta, esta allí para que tu la sanes. Ello no existe, por decirlo así, excepto como proyecciones que salen de tu interior. El problema no está con ellos, está en ti, y para cambiarlo, debes cambiar tú.

Se que esto es difícil de captar, mucho menos de aceptar o de vivirlo realmente. Achacar a otro la culpa es mucho más fácil que asumir la total responsabilidad, pero mientras hablaba con el Dr. Len, comencé a comprender esa sanación de él y que el ho’oponopono significa amarte a ti mismo.

Si deseas mejorar tu vida, debes sanar tu vida. Si deseas curar a cualquiera, aún a un criminal mentalmente enfermo, lo haces curándote tu mismo.

Le pregunte al Dr. Len como se curaba a si mismo. Qué era lo que él hacía exactamente cuando miraba los legajos de esos pacientes.

“Yo simplemente permanecía diciendo ‘Lo siento’ y ‘Te amo’, una y otra vez” explicó él.
“¿Sólo eso?”
“Sólo eso.”
“Resulta que amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo, y mientras tú te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo”

Permíteme darte un rápido ejemplo de como funciona esto: un día, alguien me envía un e-mail que me desequilibra”. En el pasado lo hubiera manejado trabajando sobre mis aspectos emocionales tórridos o tratando de razonar con la persona que envió ese mensaje detestable. Esta vez yo decidí probar el método el Dr. Len. Me puse a pronunciar silenciosamente “lo siento” y “te amo”. No lo decía a nadie en particular. Simplemente estaba invocando el espíritu del amor para sanar, dentro de mi lo que estaba creando la circunstancia externa.

En el término de una hora recibí un email de la misma persona.

Se disculpaba por su mensaje previo. Ten en cuenta que yo no realicé ninguna acción externa para lograr esa disculpa. Yo ni siquiera contesté su mensaje.

Sin embargo, sólo diciendo “te amo”, de algún modo sané dentro de mí lo que estaba creando en él.

Mas tarde asistí a un taller de ho’oponopono dirigido por el Dr. Len.

Él tiene ahora 70 años de edad, es considerado un chaman abuelo y es algo solitario.
El alabó mi libro “El Factor Atractivo”.

Me dijo que mientras yo me mejoro a mi mismo, la vibración de mi libro aumentará y todos lo sentirán cuando lo lean. En resumen, a medida que yo me mejoro, mis lectores mejorarán.

“¿Y qué pasara con los libros que ya he vendido y han salido de mi?” pregunté.

“Ellos no han salido” explicó él, una vez más soplando mi mente con su sabiduría mística. “Ellos aún están dentro de ti”. En resumen, no hay afuera. Me llevaría un libro entero explicar esta técnica avanzada con la profundidad que ella merece.

“Basta decir que cuando quiera que desees mejorar cualquier cosa en tu vida, hay solo un lugar adonde buscar: dentro de ti. Cuando mires, hazlo con amor”.

MÁS SOBRE LA TÉCNICA HOO-PONOPONO

En
hawaiano, Hoo significa CAUSA y Ponopono significa PERFECCIÓN. A través de esta técnica, tenemos la capacidad de hacer lo correcto a nuestro propio Ser, de volver al estado de perfección, de colocar nuevamente nuestra página vivencial en blanco…, con sólo pedirle a la Divinidad que aquello que yace dentro de nosotros, aquello que ha ocasionado una división en nuestros pensamientos, venga a la superficie para ser liberado.
Al pedir perdón a la Divinidad por haber hospedado pensamientos que nos han separado de nuestra Unidad con el Espíritu... el pensamiento pernicioso y recurrente desaparece. Para lograrlo, algunas veces se necesita pedirlo varias veces a fin de que la razón que está detrás del pensamiento aparezca en la superficie y sea liberada. Y cuando es liberada, el espacio se llena inmediatamente con un amoroso sentido de Unidad con todo.

El Hoo-Ponopono es un proceso de contrición, arrepentimiento, pedido de perdón y transmutación y consiste en realizar una petición a la energía del Amor Universal e Incondicional para cancelar y reemplazar las energías tóxicas que puedan hallarse en uno mismo. El Amor efectúa dicho proceso fluyendo a través de la Mente Espiritual o Supra-consciencia y continúa su flujo a través de la Mente Consciente, liberándola de la excesiva racionalización para finalizar en la Mente Emocional o Subconsciente, donde anula todos los pensamientos que tengan emociones tóxicas, reemplazándolos con Amor incondicional.

No hay límites en el número de veces que esta herramienta puede ser usada, especialmente en lo referente a transmutar en pura luz tus pensamientos, los de tu familia, ancestros y descendientes, puesto que esta herramienta es una petición a purificar los pensamientos tóxicos que causan reales divisiones en tu percepción.

El Hoo-Ponopono es realmente muy simple. Para los antiguos hawaianos, todos los problemas se empiezan a gestar en los pensamientos. Tener pensamientos no es el problema. El problema está en todos nuestros pensamientos que se encuentren plenos de memorias dolorosas sobre personas, lugares o cosas.

El intelecto como tal no puede solucionar esos problemas porque él solamente gestiona procesos. Gestionar cosas no soluciona los problemas del todo. Tienes que dejar que fluyan. Cuando se hace Hoo-Ponopono, la Divinidad se hace cargo de los pensamientos dolorosos y los neutraliza. Haciendo Hoo-Ponopono, tú no purificas personas, lugares o cosa alguna. En cambio, neutralizas la energía dolorosa que tú asocias con esas personas, lugares o cosas. Así que la primera etapa para hacer Hoo-Ponopono es purificar energías.

A seguir, algo maravilloso ocurre. No solamente la energía queda neutralizada, sino que se desprende, quedando una nueva página vacía donde escribir de nuevo otra realidad. La etapa final es permitirle a la Divinidad hacer acto de presencia y rellenar el vacío de esa página en blanco con Luz Divina.

Para hacer Hoo-Ponopono no necesitas saber cual fue el error cometido o cual fue el problema. Apenas necesitas percibir la existencia de situaciones físicas, mentales o emocionales que te estén abrumando. Cuando lo hagas, tu responsabilidad estriba en comenzar inmediatamente a sanar la esencia de tales situaciones, diciendo simplemente: “Lo lamento. Por favor perdóname”.

Se trata apenas de realizar un trabajo interno sobre ti mismo, para mejorar lo externo.
El procedimiento personal estriba en mantenerse callado y centrado en ti, permitiendo que el proceso de transmutación se lleve a cabo por sí mismo, pues si involucras tu intelecto, el proceso se detiene.

Si deseas resolver un problema personal, trabaja sobre ti mismo. Si tienes un problema con otra persona, simplemente pregúntate: “¿Qué existe en mi que hace que esta persona me ataque?”. Elévate sobre esas situaciones diciendo simplemente: “Lo lamento por cualquier cosa que haya sucedido o esté sucediendo. Por favor, perdóname”.

Lo bonito de esto es que no hay que comprender nada a nivel racional. Es como navegar por Internet. Apenas hay que ir hacia la Divinidad y hacer clic para bajar la información solicitada.

Por ejemplo, si alguien se nos acerca hablándonos de que sufre una cierta pena o dolor físico, podemos preguntarle a la Divinidad: “¿Qué ocurre en mí que he causado dolor o sufrimiento sobre esta persona?”. Y luego, podemos preguntar a la Divinidad: “¿Cómo puedo rectificar ese problema en mi?”. O también: “Por favor, cualquier cosa que sea que ocurra en mi que haya causado este sufrimiento en fulano, dime como puedo rectificarlo”. Las respuestas a esas interrogante suelen venir sin esfuerzo, pero a continuación deberíamos hacer lo que se nos sugiera… Lo que aquí importa no es el efecto sino el entendimiento del origen del problema. Ésa es la clave.

En el caso de ser un terapeuta que use Hoo-Ponopono para ayudar a otros a sanar, debes primero conectarte con la Fuente Divina y apelar al Amor Universal para corregir los erróneos pensamientos que existan en ti y que se estén manifestando en la actualidad principalmente como un problema en ti y luego en tu cliente o consultante.

Esta súplica o apelación estriba en un proceso de arrepentimiento y solicitud de perdón por parte del terapeuta: “Yo lamento que mis erróneos pensamientos hayan causado situaciones negativas en mi y en mi cliente. Por favor, perdóname”.

El Hoo-Ponopono vale también para tratar situaciones derivadas de objetos inanimados, espacios físicos que deban ser sanados, etc. El límite es nuestra percepción o imaginación.

La manifestación de una amorosa responsabilidad es lo que transmuta los errores dentro de nosotros que manifiestan el problema (en nosotros o en los demás). La actitud amorosa los cancela y los corrige.